«Con una orquesta los jesuitas podrían haber sometido a todo el continente» afirmaba el cardenal Altamirano en la película La Misión (1988) subrayando la importancia de la música en las misiones americanas de la Compañía de Jesús. La música fue un medio que permitió a los misioneros elaborar un proyecto evangelizador más efectivo, de manera particular, en las ceremonias religiosas que ayudaban a las poblaciones nativas gustar de largos rituales. Al mismo tiempo, los aportes propios de las poblaciones enriquecían las ceremonias con danzas e instrumentos que continuaban en otros espacios como plazas y calles. A pesar de ciertos altibajos, en las misiones de Maynas (y del río Napo) la relación entre las ceremonias y música se prolongó durante los 130 años de existencia como lo confirman las relaciones que se conservan y sustentan el presente escrito
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