Vivimos en la era de la desinformación, del culto a la ignorancia, del desprecio al esfuerzo, de la fascinación por lo estético. Un escenario en el que se ha alimentado la exclusión de la sabiduría, el tesón y el sacrificio, la invisibilidad de lo distinto y en el que no hay cabida para la arruga, estética y mentalmente. Sin demonizar el momento actual, que tiene fantásticos registros y ofrece muchas oportunidades a quienes las buscan, y saca en momentos de penuria y desgracias lo mejor de los jóvenes, es importante fomentar las fuerzas generacionales, diversas, pero integrables, asimétricas, pero efectivas, y saber volver a lo que algunas culturas no occidentales nunca olvidaron, que la experiencia y la sabiduría no se improvisa, sino que se alcanza y ofrece una riqueza incalculable para las generaciones venideras. Revalorizar la edad del saber requiere cambio de valores, lucha contra el edadismo e integración generacional
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