La transformación constante del mundo exige que la enfermería integre variables culturales en su práctica. El cuidado individualizado pierde efectividad e incluso puede generar daño si no se aplica con sensibilidad y competencia cultural. La diversidad de usuarios, desde comunidades indígenas hasta poblaciones migrantes, obliga a fortalecer la formación continua, la accesibilidad y la calidad en los servicios de salud. Un cuidado congruente mejora la satisfacción, favorece la recuperación y promueve la colaboración con el personal de enfermería. En este sentido, el desarrollo de competencias culturales constituye un reto clave, alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por la OPS y la OMS, orientados a reducir desigualdades y responder a la globalización
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