It is generally accepted that the potential for the abuse of power is inherent in medicine, especially under a monopolistic system. The case of doctors in Nazi Germany provides a frightening example of such power abuse. History provides additional examples of grave power abuse by government-run healthcare entities. In this paper, we first analyze the historical and institutional context of doctors’ behavior in Nazi Germany and then proceed to analyze instances of medical power abuse in other totalitarian countries. Subsequently, we examine some dangerous trends in modern democracies. While state-run medicine has the capability to provide effective solutions in certain cases, we should not overlook the potential dangers of power abuse and the degradation of service quality resulting from the state’s domination in healthcare. It is questionable whether ethical guidelines and proper education alone can substitute institutional means to safeguard patients’ rights. These dangers need to be carefully analyzed when determining medical policy. For example, the well-known problem of information asymmetry between doctors and patients can be effectively mitigated in a free society with a competitive market for healthcare.Generalmente, se acepta que el potencial de abuso de poder es inherente a la medicina, especialmente bajo un sistema monopolístico. El caso de los médicos en la Alemania nazi proporciona un ejemplo aterrador de dicho abuso de poder. La historia ofrece ejemplos adicionales de graves abusos de poder por parte de entidades de salud gestionadas por el gobierno. En este artículo, primero analizamos el contexto histórico e institucional del comportamiento de los médicos en la Alemania nazi y luego procedemos a examinar casos de abuso de poder médico en otros países totalitarios. Posteriormente, analizamos algunas tendencias peligrosas en las democracias modernas. Si bien la medicina estatal tiene la capacidad de ofrecer soluciones efectivas en ciertos casos, no debemos pasar por alto los peligros potenciales del abuso de poder y la degradación de la calidad del servicio resultante del dominio estatal en la atención médica. Es cuestionable si las pautas éticas y la educación adecuada por sí solas pueden sustituir los medios institucionales para salvaguardar los derechos de los pacientes. Estos peligros deben analizarse cuidadosamente al determinar la política médica. Por ejemplo, el conocido problema de la asimetría de información entre médicos y pacientes puede mitigarse efectivamente en una sociedad libre con un mercado competitivo de atención médica
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