En el imaginario colectivo, la filología suele entenderse como una de las ciencias auxiliares de la historia. La realidad es que la lengua es un dibujo del pasado, su fotografía, que conforma los pilares con los que se construye el futuro. Vemos a través de la realidad del siglo XXI, cuyo primer cuarto viene marcado por la velocidad catalizada de las revoluciones tecnológicas ligadas a los avances en la computación. La sociedad de consumo que lo constituye entiende esta velocidad como su modus vivendi, en la que lo efímero es la norma y necesita beber del Árbol de las Humanidades para saciar esta sed de lo inmediato, que está desembocando en un futuro incierto, insostenible y, por consecuencia, finito. Este monográfico nace justo de la necesidad de dialogar en el presente para aportar un pequeño grano de arena contra la destrucción del futuro
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