En Colombia se expresa a cabalidad la tendencia mundial: se están ampliando las fronteras
petroleras, pues las reservas de crudo convencional han disminuido. La expansión de la
exploración y de la explotación hidrocarburífera en el país se expresa hoy en el cubrimiento de
casi toda la geografía nacional con bloques petroleros y en un hecho sobresaliente: la incursión
de esta industria en las altas montañas (cordillera de Los Andes), en donde hasta épocas
recientes se había privilegiado la producción campesina. Así se observa, por ejemplo, en el
altiplano cundiboyacense, donde ya existen bloques para la búsqueda de crudos no
convencionales. Los artífices de esa situación son los últimos dos gobiernos, que en las
conocidas y periódicas rondas petroleras han subastado bloques petroleros y han impulsado,
con la conducción de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ANH, una agresiva campaña de
adjudicación de los mismos. Comunidades con fuerte arraigo campesino, ajenas a esta
actividad, reaccionan con solo notar la presencia de las empresas en su territorio, por los
graves impactos que comienzan a tener desde que empieza a crearse el ambiente exploratorio