Los trabajadores y la población del Puerto de Sagunto son receptores de paternalismo industrial
en una doble vertiente: como el resto de trabajadores-ciudadanos españoles, y por su especificidad como
miembros de una ciudad-fábrica, donde tienen un papel relevante los servicios sociales complementarios
a los del ámbito estrictamente laboral.
Durante las dos primeras décadas, el fenómeno de ciudad-fábrica condicionará todo un sistema de derechos
sociales y laborales otorgados con una finalidad paternalista, mientras que a partir de los años sesenta
se irá imponiendo un sistema de derechos adquiridos a través de las demandas y presión de los trabajadores