Si el ojo fue para la vanguardia cinematográfica un
órgano privilegiado, la violencia que sobre él ejerce Eisenstein
revela bien lo que en su poética fue la agresión al espectador:
para el futurista Vertov, el ojo privilegiado fue el de la cámara,
más perfecto -solía decir- que el humano; para el Buñuel de
Un perro andaluz, el ojo de la mujer era seccionado para dar
paso a un discurso interior regido por asociaciones libres; el
ojo de Eisenstein es reventado por el proyectil del enemigo,
pero lo es por la desmesura del festín de horror contemplado.
El público no será privado jamás de agresiones semejantes