La modernidad entendió que el proceso civilizatorio estaba ligado a la negación de las emociones, lo cual condicionó la mi mirada científica y académica con la que las ciencias sociales enfatizaron el valor racionalista y cuantitativo en la investigación, mientras ignoraban la complejidad de los procesos y la ambivalencia de los diagnósticos. El avance científico se apoyó exclusivamente en el desprecio de las soluciones del pasado, una actitud que se interpretaba “de progreso” pero que ocultaba una visión simplista y polarizada de la realidad. El cambio en las ciencias sociales permitió integrar los mecanismos causales en la interpretación de la realidad, pero aun así sólo la visión emocional desvela dinámicas que han quedado ocultas bajo explicaciones rígidas o simplistas de los movimientos sociales (Jasper, 2012: 59).(pp. 142-156