Un método habitual de formarse una idea del futuro
de la tecnología es leer a un reducido grupo de personajes,
tales como Gates o Negroponte. Estos también confunden
sus deseos con la realidad, tienden a ver el mundo en colorines y yerran, pero tienen sobre nosotros la ventaja de que sus palabras son las palabras de un selecto y denso colectivo de superespecialistas a sus órdenes. En parte, ellos son los dueños del futuro, lo están diseñando, construyendo o comprando en sus laboratorios o empresas. Tienen poder