Hace unos meses, el 15 de Diciembre de 1976, el pueblo español subrayaba inequívocamente sus deseos de una forma democrática de gobierno.
Los servicios de Correos y Telégrafos se ocupaban de transmitir grupos de datos por toda nuestra geografía peninsular e insular que,computados velozmente por ordenadores, trazaban, a través de pantallas catódicas alfanuméricas, los perfiles acumulados de una geografía nacional del voto. Periodistas españoles y de todo el mundo se comunicaban con sus agencias y periódicos por télex y teléfono.
La televisión y la radio difundían a los hogares, en el mismo momento,noticia puntual de resultados, procesos y análisis. Las redes de telecomunicación ayudaban así a cerrar un ciclo por el que,en el curso de unas pocas horas, todo español, votante, abstencionista o abstinente, tomaba conocimiento del efecto integrado de su decisión