El proceso de introducción de los ordenadores en la escuela, que parece querer iniciarse ahora oficialmente en nuestro país, es asunto muy polifacético y con la
suficiente carga de cambio como para ser meditado más que detenidamente.
Por una parte, si se dejan a un lado puntos de vista e intereses parciales —aunque puedan ser legítimos-, es imposible no darse cuenta de que sobre este tema hay hoy en el mundo un cuadro importante de preguntas a las que no se ha sabido dar una respuesta coherente y mucho menos concluyente