La evaluación por competencias se ha convertido en lugar
común de reflexión y discusión, especialmente en la última década, en donde se han propuesto diversas miradas y aproximaciones no solamente a lo que se ha denominado
competencias sino, y con bastante agudeza, a aquello que representa la evaluación en el proceso educativo y más allá, a lo que consideramos como «lo educativo». Esta confluencia de palabras -evaluación por competenciasen
una expresión que ha causado «congestión» en el campo
educativo por el impacto que ha tenido al ser interpretada
la competencia como una «nueva» manera de hacer educación, o al pretender que lo que se está evaluando sea la directriz de «un currículo nacional», ha implicado un posicionamiento respecto de qué significa y en qué contexto se ubica la competencia y su evaluación. De esta manera, es no solamente necesario sino pertinente que se haga explícito este posicionamiento, desde las distintas formas en que se ha comprendido y puesto en escena la competencia con fines evaluativos y cómo puede proyectarse al trabajo específico en el aula. Desde los lineamientos generales de la propuesta del ICFES, en lo que tiene que ver con competencias, se propone que ésta sea el objeto de evaluación a través del cual se logre evidenciar el «hacer» de los estudiantes en cada una de las disciplinas estableciendo la validez de este «hacer» en sus gramáticas básicas. Ya en el campo de las matemáticas escolares, estos lineamientos generales se perfilan y toman forma a partir de tres elementos fundamentales para dar cuenta de las competencias interpretativas, argumentativas y propositivas de los estudiantes, éstos son: el abordaje de situaciones problema, una postura sobre el conocimiento matemático escolar y algunos aspectos centrales de la comunicación matemática