La justicia social y política es una de las principales preocupaciones de los movimientos
sociales emancipatorios y de la filosofía política. El feminismo, como movimiento teórico–
práctico, ha criticado la concepción hegemónica de justicia por no contemplar aspectos
de la estructura social que sostienen las injusticias; especialmente, las relacionadas con
el sistema sexo–género. Esto ha hecho necesario repensar su propia concepción de
justicia para ampliar su alcance y mitigar las injusticias. Este texto recoge la experiencia
de autoorganización de las campesinas alrededor de la Secretaría das Mulleres del
Sindicato Labrego Galego, que ha venido mostrando la íntima relación entre lo que se
entiende por privado y por público que deriva en la emergencia de ese repensar para la
transformación social. Una de esas acciones es la campaña por la titularidad compartida
de las granjas que refuerzan la idea de la inseparabilidad de los paradigmas distributivos
y de reconocimiento para enfrentarse a las injusticias derivadas del sistema sexo–género.
Además, esa experiencia viene a confirmar la potencialidad de los movimientos sociales
en ese proceso reflexivo–activo para la construcción de sociedades más justas.Social and political justice is one of the main concerns of both social emancipatory
movements and political philosophy. Feminism, as a theoretical and practical movement,
has criticised the hegemonic conception of justice, since it doesn’t contemplate the aspects
of social structure that sustain injustices, specially those related to the sex-gender system.
This has made it necessary to rethink their own conception of justice so as to expand
its scope and to mitigate injustices. The experience of self-organization of Galician
countrywomen around the Secretaría das Mulleres del Sindicato Labrego Galego has
shown the emergency of this reconsideration for social transformation. Their actions
and speeches reinforce the idea of the inseparability from distributive paradigms and
the recognition to face the injustices derived from the sex-gender system. Furthermore,
they prove the potentiality of social movements in this reflective-active process for the
construction of fairer societies