Ay, niñez perpetua Estamos, no sé bien con quiénes, en una plaza. Somos unas ocho personas y parece una tarde otoñal. De repente alguien dice : “Vienen los vampiros”. “¿Los vampiros ? ¿Y qué hay que hacer ?”, pregunto yo. “Nada”, me responden : “quedate quieto y no hagas nada”. La gente que está conmigo se queda quieta, como suspendida, pero yo no puedo evitar acercarme a la chica que está al lado mío y agarrarla suavemente por la cintura, desde atrás, tocarle los hombros con delicadeza y dar..