En el presente artículo, se analizan las elecciones y las prácticas residenciales adoptadas por las familias reconstituidas como una estrategia para gestionar el entramado de relaciones sociales característico de estas estructuras familiares (relaciones entre los hijos y/o las hijas no comunes, relaciones entre los hijos y/o las hijas no comunes y las nuevas parejas de los padres o las madres, etc.), estableciendo nuevas fórmulas en las que emparejamiento, reconstitución familiar y corresidencia no tienen por qué coincidir ni aparecer en el orden secuencial que hasta ahora caracterizaba la formación de una unidad familiar convencional. Los datos empíricos en los que se apoya el artículo proceden de una investigación cualitativa1 realizada en la Comunidad de Madrid, en la que se hicieron 51 entrevistas semidirectivas a 17 familias reconstituidas, con una media de 3 entrevistas por familia. La muestra de familias se diversificó según el nivel socioeconómico de los padres y las madres de cada una de ellas. Los resultados pusieron de manifiesto el valor social y simbólico del espacio, concretado en el espacio habitacional como agente regulador de posibles conflictos provenientes de diferentes culturas familiares que confluyen en la nueva pareja y que ésta debe gestionar sin disponer, en la mayoría de los casos, de referencias familiares similares.This article examines the residential choices and practices adopted by stepfamilies as a strategy to manage the network of social relations characteristic of these family structures, such as relationships between stepbrothers, between stepchildren and stepfathers/stepmothers and others, by establishing new ways in which pairing, reconstituted families and co-residence does not have to coincide or appear in the sequential order that has characterized the formation of a conventional family until now. The empirical data supporting the article were drawn from a qualitative research study conducted in the Community of Madrid with 51 interviews of a sample of 17 stepfamilies. The results reveal the social and symbolic value of space as a regulatory agent of potential conflicts