Cuando Glicerio se convirtió en el antepenúltimo emperador de Roma, la sucesión al trono era ya poco más que un tira y afloja entre Bizancio y la influencia cada vez más manifiesta de las potencias bárbaras que dominaban el Imperio de Occidente. Glicerio, comes domesticorum durante el mandato de Olibrio, fue nombrado por un príncipe burgundio, Gundobado, sin el consentimiento de León I, emperador de Oriente