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Microtopografías y superposiciones: estudio comparado de las superficies en las ciudades de Barcelona y São Paulo

Abstract

Ponència presentada a la sessió 2La microtopografía se plantea aquí como ‘la extrema plasticidad formal que adquiere el espacio urbano al interconectar planos transitables y límites entre niveles altimétricos’, tanto en términos visuales como cinéticos. Dicha dinámica se puede extrapolar hacia las edificaciones, donde los "quiebres" de ortogonalidad, tanto en el plano vertical como en el horizontal, facilitan la comprensión del espacio edificado y multiplican las relaciones simbólicas y formales. Esta, sea un dispositivo compositivo o fenómeno aleatorio, diversifica el ambiente y abre opciones de resolución de problemas semánticos a través de la sintaxis. Al exponer la cuestión desde una perspectiva geométrica (sintáctica), el uso de la línea diagonal, en proyecto, moviliza esas variaciones porque rompe la estructura rígida del plano horizontal, desde el ángulo de 1º hasta el de 45º; y la homogeneidad formal del plano vertical, desde el ángulo de 45º al de 89º. Al abordarse la cuestión desde las perspectivas del uso y del significado (pragmática; semántica), la variación de la línea diagonal en el plano horizontal impide que, a medio y largo plazo, las construcciones existentes se aíslen del contexto. Dicho aislamiento puede llegar a producir sub-utilización y menosprecio por la población y otros usuarios, lo que acaba por inducir su pronta desaparición. La variación de la diagonal en el plano vertical, a su vez, produce un paisaje heterogéneo, lo que impide la deshumanización del medio ambiente. Es notorio el aumento de la violencia y la insatisfacción social en las comunidades que habitan en entornos urbanos monológicos; el mismo fenómeno de insatisfacción se verifica en los empleados de empresas que dividen ambientes internos en lay-outs cubiculares. Obviamente, un entorno compuesto, en su mayoría, por los mismos ángulos diagonales producirá anomalías similares. El interés figura en la variación, lo que incluye el uso - en proyecto - del ángulo de 90º. La microtopografía - asumida como un conjunto de niveles heterogéneos de una superficie - se presenta, en Barcelona, en su forma positiva. La ciudad posee una serie de espacios públicos y edificios cuya diversidad formal valoriza su estructura urbana. Esta misma - que integra los barrios periféricos y el centro histórico a través de la rejilla del Ensanche - se encuentra dinamizada por caminos diagonales cuya función es trascender el sistema ortogonal, además de conectar capas, estratos, geografías y la propia ciudad, hacia su área metropolitana. Otras vías “desobedientes” a la cuadrícula se mantuvieron o se crearon para generar diversidad en las manzanas. Estas, también conocidas como ‘Módulo Cerdá’, sacan su fuerza de los chaflanes en las esquinas, conformando un 'hexágono virtual’, generador de un importante vacío, en muchos aspectos. La mayoría de las intervenciones perimetrales en las manzanas son recién construidas y han sido parte de decisiones de administraciones públicas de la era democrática, sobre todo en el período anterior a las Olimpiadas del ‘92. São Paulo, a su vez, exhibe una serie de estos valores. Sin embargo, apreciados en su forma negativa. En la ciudad americana se halla una cantidad ingente de asentamientos urbanos informales, resultado de autoconstrucciones precarias, además de la reproducción de soluciones parciales de recuperación viaria y de espacios públicos por parte de los órganos responsables. Eso, sumado a la división abrupta de tejidos urbanos desconectados, debido tanto a la topografía accidentada, cuanto la segregación social, promueve la lectura caótica del volumen urbano y una consecuente pérdida de calidad de los lugares. Sin embargo, esa realidad precaria cohabita junto a espacios muy regulares y ordenados, donde arquitecturas anodinas conviven con una producción puntual de calidad, aunque muy poco "contaminada" por la riqueza formal y cultural de estos asentamientos informales. Si la microtopografía es un aspecto positivo del relieve barcelonés que, en São Paulo, se presenta en sus formas negativas, lo contrario ocurre en cuanto al tema de la superposición urbana, término que se asume como el conjunto de niveles homogéneos de una superficie. El parcelario, en São Paulo, es extremadamente variado, aunque sus dimensiones van determinadas por la intersección de vías más o menos ortogonales, en función de la topografía. En esta ciudad también ocurre un fenómeno vertiginoso de renovación de su estructura urbana. Como forma de matizar esta inconsistencia estructural se aplicó, en muchos casos, un vínculo entre construcciones a través de galerías y pasajes de nivel. Muchos edificios, "formales" o "informales" de la ciudad están conectados por senderos, escaleras semienterradas, y cavernas urbanas que surgen bajo viaductos y lozas permeables. Pese a la diferencia de trato del suelo urbano (a través de la microtopografía), el uso del subsuelo como infraestructura de transporte y (actualmente) de servicios de tratamiento y gestión de residuos, la ciudad de Barcelona no saca provecho de la acumulación de estratos. En ella, la superposición se presenta en su aspecto negativo. El usuario urbano percibe estas dos capas - los niveles de suelo y subsuelo - como universos distintos. Habría que considerar dos causas: una geofísica y otra social que, además, se confunden debido al tipo de estructura urbana y a su ocupación. La ciudad se encuentra ubicada en una meseta uniforme, rodeada de montañas masivas, que la aísla de los municipios vecinos. Por otro lado, el módulo del Ensanche indició un diseño introspectivo, aunque pasible de grandes variaciones formales internas. La altura de los edificios es regular y los barrios con sistemas viales culturales u orgánicos están preservados por leyes de patrimonio y normas urbanísticas. De esa manera, Barcelona pierde identidad y síntesis: dichas características solamente se perciben barrio a barrio. La ciudad pierde, incluso, la dimensión de "intercambio" vertical entre los distintos estratos que, en contraste, se encuentra absolutamente diseminada en la metrópolis paulista. Por lo tanto, la lectura del espacio urbano en contextos distintos puede ayudar en la comprensión de cualidades inherentes de un mismo recurso formal u otros dispositivos de proyecto (como son el uso de la diagonal y los vínculos entre capas), desde los cuales se pueden formular estrategias para potenciar o negar la extrapolación de fenómenos como la microtopografía y sus niveles heterogéneos, o la superposición y sus niveles homogéneos. Se recupera, en este artículo i , algunas de las causas y condicionantes urbanísticas planteadas a la hora de rediseñar espacios urbanos, a veces, tan dispares como los contrastados en el ejemplo en el intuito de buscar los límites del proyecto urbano. El estudio comparado que sigue las consideraciones nos puede reflejar problemas comunes de las metrópolis contemporáneas y ayudarnos a replantear maneras de proyectar en espacios urbanos consolidados. Así, en la lectura del espacio urbano entre uno y otro contexto, un objeto o sistema arquitectónico y urbano rediseñado se va a regir por unas características locales positivas o negativas y estrategias podrán ser formuladas para potencializar o negar dichas características. Hay que recordar que existen paradigmas tanto físicos (articulados en la geometría) cuanto sociales (articulados en la memoria) plasmados y esculpidos en estos contextos

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