El intestino tiene dos funciones principales, la primera es procesar el alimento ingerido
para absorber los nutrientes, y la segunda es prevenir la entrada de patógenos al
organismo. Para ello, el intestino ha desarrollado la llamada “barrera intestinal”, un
sistema defensivo compuesto por diferentes elementos, tanto extracelulares como
celulares, que actúan de forma coordinada, a la vez que mantiene el correcto
desarrollo de la barrera epitelial, el sistema inmunitario y la adquisición de tolerancia
hacia los antígenos de la dieta y a la microbiota intestinal.
Una característica crítica del epitelio es la permeabilidad intestinal, ya que debe
permitir un paso eficiente de nutrientes y restringir la entrada a moléculas de mayor
tamaño, como los antígenos proteicos. Para ello, se reviste la superficie del tracto
gastrointestinal de una capa de moco y las células epiteliales presentan uniones
intercelulares que realizan un papel fundamental. La organización estructural de estas
uniones es dinámica y su permeabilidad varía de un individuo a otro ya que afectan
diferentes sustancias como por ejemplo mediadores inflamatorios. La regulación
adecuada de la barrera epitelial se basa en múltiples mecanismos fisiológicos e
inmunológicos. En personas con alergias alimentarias, se produce una inhibición de la
tolerancia oral, lo que conduce a la producción inadecuada de IgE específica alergénica
y al reclutamiento de mastocitos en la mucosa gastrointestinal.
Las enfermedades alérgicas constituyen una de las patologías más frecuente en los
niños, desarrollándose la sensibilización a determinados alimentos en el primero y
segundo año de vida. Cualquier alimento puede desencadenar una respuesta alérgica
dando lugar a reacciones mediadas por IgE, sin embargo, la mayor parte de dichas
reacciones son causadas por un número pequeño de alimentos como son el cacahuete,
el huevo, la leche, el pescado, los crustáceos, las nueces y el trigo.Universidad de Sevilla. Grado en Farmaci