En base a la creciente incidencia de ciertas enfermedades autoinmunes y alergias alimentarias
y a la coincidencia de este hecho con los cambios alimenticios acontecidos desde finales del
siglo XIX hasta nuestra actualidad, resulta lógico preguntarse la relación existente entre la
función inmune y la alimentación. Esta conexión ha sido demostrada desde mediados del siglo
pasado, aunque aquello que las relaciona es aún un campo de estudio en desarrollo. Se ha
comprobado cómo las típicas dietas occidentales adoptadas hoy día afectan negativamente a
la salud, siendo la causa directa de los altos porcentajes de obesidad en países desarrollados.
Del mismo modo, la estimación social por la estética conduce cada vez a más personas hacia
los trastornos alimenticios. Sin embargo, las dietas equilibradas ricas en fibra, micronutrientes
y antioxidantes permiten mantener un peso saludable y al mismo tiempo potencian la función
inmune siendo menor la incidencia de determinados tipos de cáncer y enfermedades
autoinmunes en individuos que optan por este tipo de dietas. Pero el peso no es suficiente
para realizar un análisis exacto del estado nutricional e inmunológico del individuo, también es
importante tener en cuenta su edad, la forma en que los alimentos modulan su microbiota
intestinal y, de forma general, cómo ésta y los distintos micro y macronutrientes intervienen
en la función inmune. Con este trabajo se pretende aunar todos estos factores, haciendo un
análisis de la relación que cada uno de ellos mantiene con el sistema inmune y clarificar dicha
conexión entre nutrición e inmunidad.Universidad de Sevilla. Grado en Farmaci