La profunda recesión, el elevado proceso inflacionario y la consecuente caída de la demanda interna, provocaron una inusitada contracción del consumo interno de las gasolinas -3.5% en 1982, -4.1 en 1983 y -1.7 en 1984, situación que sólo se había presentado durante el primer año de operación de Petróleos mexicanos y antes sólo en los años de 1931 a 1933, seguramente como efecto de la crisis de 1929