La formación de los racimos y de las flores en la vid se produce a lo largo de dos estaciones. Los procesos que conducen a la formación de las inflorescencias y flores son complejos y están fuertemente condicionados por factores genéticos, ambientales y culturales, y son determinantes en la producción de la cosecha y de su variabilidad, tanto en lo que se refiere a la variabilidad que se produce entre diferentes viñedos en año determinado, como a la variabilidad del rendimiento que se produce entre años en un mismo viñedo