En restauración, la limpieza puede considerarse como una técnica terminal o como paso previo a otras actuaciones. En el primer caso, consiste generalmente en un raspado o en un lavado, cuyo fin es resaltar la fuerza arqueológica de los materiales antiguos. Pero lo más lógico es que se de el segundo caso, donde la limpieza debe anteceder a los procesos de protección y tratamiento superficial de la piedra (salvo en algunos casos de consolidación) así como a la pintura. Esta pintura se empleará en ciertos lugares de forma que se realce la fuerza escultórica de las tallas pétreas, o se hará buscando un aire de envejecimiento, mediante tonalidades específicas que doten a los elementos monumentales de un aspecto confuso