La Unión Europea ha apostado por los biocombustibles como sustitutos de los combustibles fósiles. El presente artículo analiza si es posible emplear, desde los puntos de vista técnico, económico y medioambiental, el hidrógeno como combustible alternativo a los combustibles fósiles y a los biocombustibles, teniendo en cuenta además que el hidrógeno, salvo que se genere a partir de biomasa, no se considera biocombustibles según la orden ITC/2877/2008, de 9 de octubre y por lo tanto no cuenta con los beneficios fiscales que tienen éstos