El cimborrio de la catedral de Zaragoza supone un
hito en la construcción de los cimborrios del siglo
XVI. El sistema estructural con dos mallas de arcos
en los que apoyan distintos elementos es una solución
completamente original de la que, por lo que sabemos,
no existe precedente alguno. El mismo Botero
empleó este sistema en el cimborrio de la Catedral
de Tarazona, donde vuelven a aparecer al exterior
dos prismas octogonales girados. Tras los múltiples
fracasos de cimborrios, tanto en ésta como en otras
catedrales, el cimborrio de Zaragoza tiene una gran
seguridad, y marca un hito en la historia de la construcción
abovedada. Este tipo se abandonó en España
tras el siglo XVI, pero fue recuperado en el siglo
XVII por Guarino Guarini que lo empleó en la iglesia
de San Lorenzo de Turín y en numerosos proyectos
no construidos