“Uno de los problemas más importantes de la biología es cómo la información genética acaba expresándose en términos de patrones estructurales y formas”. Así empezaba un pequeño volumen de los Oxford Biology Readers, titulado The development of pattern and form (Oxford University Press, 1974), cuyo autor era Lewis Wolpert y cuyo texto me sirvió de introducción a la biología del desarrollo hace ya casi cuatro décadas. El misterio de cómo a partir de una sola célula puede autodesarrollarse un organismo tan complejo como el que esto escribe sigue siendo un tema central de la investigación biológica después de tanto tiempo, y mi deuda con Wolpert se ha ido agrandando a lo largo de los años porque la suerte me ha llevado a compartir con él largas horas de discusión científica y conversación tanto en España como en el Reino Unido, en sitios tan singulares como el Parlamento inglés, en la misma sala que el día anterior se había decapitado a un primer ministro, o bajo el balanceo del botafumeiro en la catedral de Santiago