Sumidos como estamos en un mundo donde los acontecimientos se suceden a velocidad de vértigo, resulta difícil imaginar esa otra realidad, que, sin embargo, ha estado tan unida a la historia del hombre. Detrás de los bosques que daban los frutos, junto al río que servía de escenario para la pesca, bajo el inmenso cielo cuajado de estrellas y constelaciones, al lado de todo esto, existían seres a los que difícilmente se podía ver y que, aunque parezca mentira, eran reconocidos por la mayoría. El hombre, en su intento por comprender la Naturaleza, se servía de leyendas y dioses que corrían como el viento y hablaban con la voz del trueno. Estas historias se transmitieron por vía oral las más de las veces, como queriendo salvaguardar con el silencio de la confidencia la llave del auténtico conocimiento