Como a Scherezade, a Stephen Jay Gould le esperó la muerte con paciencia hasta que pudo contar todas sus historias sobre teoría evolutiva en un volumen de casi un millón de palabras, breve resumen de lo escrito a lo largo de su vida: veinte libros, la mayoría bestsellers consistentes en compilaciones de los célebres ensayos mensuales que publicó en la revista Natural History durante 25 años, y un millar de artículos científicos