El interés por la arquitectura moderna brasileña se dio en España años después que en otros países europeos. Las dificultades políticas y económicas posteriores a la Guerra Civil (1936-1939) sumieron al país en un estado de aislamiento del que tardaría en salir más de una década. Sin embargo, aunque tarde, España se sumó a la corriente de admiración y a la polémica que generó en ocasiones, e intentó, en la medida de sus posibilidades, participar en los eventos itinerantes que organizó la División Cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil para difundir la nueva arquitectura brasileña por Europa.
Este trabajo no pretende presentar a España como un nodo de expansión hacia Europa de las noticias sobre lo brasileiro, pero sí exponer su similitud con otros muchos países del continente que, sin llegar a convertirse en estandartes de su arquitectura, estuvieron informados convenientemente de su existencia y su evolución. La arquitectura brasileña no tuvo un reflejo claro en la española de las décadas de 1950 y 1960, eso no se discute; pero su conocimiento, sin duda, proporcionó algunas de las claves a los españoles para recuperar la suya propia y reincorporarse a las corrientes internacionales