El sincretismo religioso es una de las características que mejor definen el folklore minero. Como expone GREGORIO IRIARTE en su obra "Los mineros: sus luchas, frustraciones y esperanzas" (1983), "el espíritu del minero, hundido todo el día en la soledad tenebrosa de la mina, es extremadamente sensible a todo fenómeno religioso (...). El miedo a que la veta de estaño desaparezca, el miedo a los derrumbes de los viejos socavones; miedo a los accidentes fatales y a la silicosis, miedo a las almas de los que han muerto en las minas, miedo a los espíritus del mal. Las largas galerías, los buzones insondables, los antiguos parajes abandonados, son los lugares más apropiados para que en ellos se esconda todo mal espíritu