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Palacios madrileños del Ochocientos

Abstract

Cuando Armando Palacio Valdés, en su novela Sinfonía Pastoral (1931), quiere expresar el lujo con el que se rodeó Antonio Quirós, un pobre pero despierto aldeano del valle de Laviana en Asturias que hizo fortuna en Cuba con negocios de navieras, tabaco, empréstitos y construcciones, lo sitúa viviendo en un palacete del Paseo de la Castellana. La acción transcurre en el Madrid de la Restauración Alfonsina y el novelista detalla cómo este indiano «primero alquiló un hotel en la Castellana» y «después construyó el que hemos visto, dotado no sólo de todas las comodidades, sino de un lujo que pocas casas ostentaban en Madrid en aquella época: el techo del comedor pintado por Plasencia; los panneaux del salón por Ferrant; los muebles, venidos directamente de París; caballos, coches, diez o doce criados, etc.», todo lo cual parece habérselo inspirado el conocimiento del Palacio de Linares. En aquella breve descripción, Palacio Valdés recoge uno de los anhelos existenciales del capitalismo burgués fOljado en la banca, bolsa, negocios inmobiliarios y comercio de varia especie, esto es, el poseer un palacio u hotel en el gran paseo que cambia de nombre desde el Prado hasta la Castellana atravesando Recoletos. En efecto, los impulsores del incipiente capitalismo español bajo Isabel II y del más importante de la etapa alfonsina, convirtieron aquel eje urbano en escaparate de sus respectivas fortunas, habiendo llegado hasta nosotros tan sólo dos preciosas muestras de un perdido conjunto l. Me refiero a los palacios del Marqués de Salamanca, sede hoy del Banco Hipotecario, y al del Marqués de Linares, hoy día Casa de América

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