Una reflexión muy elemental nos lleva a establecer que
no es posible la formación de un núcleo urbano sin la existencia
de agua. La captación y conducción de aguas desde lugares
muy distantes caracteriza el actual sistema de abastecimiento
a nuestras ciudades, si bien tiene antecedentes muy antiguos
en el sistema romano de acueductos, sifones y depósitos. Pero
no siempre ocurrió así, ni de hecho ocurre todavía en muchos
pueblos donde la civilización parece no tener fuerza o interés
en llevar sus innegables ventajas. En efecto, existieron y existen
núcleos de población, por lo general no muy grandes, en
los que el abastecimiento de agua, de agua potable sobre todo,
se produce in situ, o desde un lugar muy cercano, y que llega
al consumidor no a través de un grifo en la vivienda, sino a
través de una fuente común para el vecindario, que está colocada
en un lugar concreto dentro de la población. A este respecto
son de gran interés las estadísticas oficiales, recientemente
publicadas, según las cuales en España, por ejemplo, el
60 por 100 de las familias agrícolas no tienen agua corriente
en sus víviendas