La relación entre Arquitectura y Romanticismo plantea serios problemas
de interpretación a la hora de adjerivar como romántica una determinada
arquitectura. La usual escala de valores románticos que destila la literatura, la
música o la pintura no tiene una aplicación direcra en el campo de la
arquitectura. Ello vuelve a poner de manifiesto que la arquitecrura es algo mas
que una de las Bellas Artes dada su dependencia. material y formal, de todo
un complejo proceso que va desde el proyecto a la construcción, que impide
expresar con la misma espontaneidad aquellos rasgos fugaces que, en cambio,
hacen posible el bocero pictórico. el imprompru musical o el verso rápido, tan
caraaeristicamente románticos. Pintura, música y literatura cuentan, por oua
parte, con unos medios expresivos aptos para la descripción matizada de un
modo absolutamente personal. Por el contrario. la arquite<:CUra, en su estática
condición, escapa a ese intimismo narrativo para acabar siendo una realidad
en el riempo como resultado de un esfuerzo colectivo. Esto no sucede con el
poeta, el músico o el pintor, quienes llevan consigo su obra, obra de la que
ellos mismo son sus primeros intérpretes, obra pensada y salida de sus propias
manos sin que el espacio o el tiempo hagan perder frescura a la idea primera
en el breve trayecto que media entre la mente y la mano. La arquitectura, en
cambio, necesita de muchos mediadores y varios intérpretes. Está sujeta a unas
leyes físicas que no puede transgredir, depende muy estrechamente de una
determinada dotación económica y ha de cumplir un programa de necesidades
de forma ineludible