El tramo horizontal de la ronda de
Castro que limita por el Este al barrio
de Salamanca y que sesga la cuadrícula
con su tajante línea, inicia una fuerte
bajada hacia el norte para cruzar la vaguada
de López de Hoyos, ascendiendo
y torciendo después, para orillar los altos
de El Viso por la collada o puerto de
la República Argentina, desde donde
descenderá hasta ganar el paseo de la
Castellana.
Así, entre la ronda de Joaquín Costa,
el hipódromo asentado entonces al final
de la Castellana, la x>aguada de López de
Hoyos y el primer tramo de María de
Molina, quedaba —y queda— una isla
urbana, originada por la Ronda y separada
por ella de los Altos de El Viso.
Una parte de la ciudad en altozano, a
cuyo cénit geográfico llamó Juan Ramón
Jiménez "la colina de los chopos".
La historia de su urbanización dejó interesantes
testimonios arquitectónicos en
ella, y un paseo por la misma —limitado
objetivo que propone estas notas—
puede darnos la idea de cuánto están
vivas aún para nosotros algunas de las
cuestiones que allí se dilucidaron para
darle forma