Desde el concepto de la moral, que no siempre un desnudo ha de ser morboso, encontramos representaciones de desnudos en museos, incluso le dan valor a la Capilla Sixtina Vaticana, que para nada esta soportada en una percepción morbosa, por el contrario es admirada por tan solo contener mucha belleza; me parece impertinente e inoportuno, pues cada cosa tiene su tiempo y su lugar, y el desnudo sea femenino o masculino, como otras cosas “imágenes religiosas” son más propias de la intimidad encontradas en habitaciones o baños. El desnudo, puede ser adecuado y lo encontramos en libros de anatomía o salud, o para anuncios de ropa interior e intima, revistas y periódicos nos muestra, en todos los sentidos, la desnudez humana, como para hacerla objeto de atracción publicitaria, pensando del objetivo de la limpia belleza de un cuerpo perfecto y cultivado, esta es la otra cara de las promocionadas marcas de gimnasios o centros de belleza estética, la obsesión por la aparente perfección corporal, no siempre acompañada por unas pautas saludables, el cuidado y la exhibición del cuerpo humano abandonado por el abuso de la alimentación inadecuada y el nocivo sedentarismo, o hacemos del cuerpo un culto, casi una religión o modo de vida, incluso con insanos implantes quirúrgicos, tachando o borrando todo lo que le hacemos para llegar a tan anhelada estética del cuerpo humano