La naturaleza del ser humano trae consigo una serie de variables que con la evolución de la sociedad salen a relucir convirtiéndose en necesidades esenciales en la vida cotidiana, algunas de estas como la comunicación, la comodidad, la adquisición de bienes, entre otras, han adquirido en la actualidad una gran acogida originando una nueva generación de mercados en los que se centran hoy en día las grandes potencias económicas. Aunque la globalización es un proceso esencialmente de características económicas ha traído consigo una serie de tendencias que se han reflejado en la mayoría de las estructuras sociales, una de éstas es el deseo del ser humano por vivir en un entorno en el cual pueda controlar todas las variables presentes en él, variables de índole social, económico y en este caso físicas, y aunque las actuales tendencias globales han incrementado el deseo en las personas de tener el mundo en sus manos, la concepción de un mundo en el cual el ambiente esté en función del ser humano no es algo nuevo y a través de la historia ha sido un ideal que ha impulsado toda una serie de desarrollos a múltiples niveles especialmente tecnológicos y científicos, desde la creación de elementos hoy en día tan básicos como la bombilla, hasta el desarrollo de los actuales conceptos de inteligencia artificial. La automatización de procesos es algo que ha acompañando durante muchos años al ser humano, remontándose al siglo XIX durante la revolución industrial, momento desde el cual la sociedad ha experimentado un proceso de creciente internacionalización del capital financiero, industrial y comercial, el origen de nuevas relaciones políticas internacionales, el surgimiento de procesos productivos y de consumo descentralizados geográficamente, y una expansión y uso intensivo de la tecnología sin precedentes. , éste último factor, acompañado de una serie de fenómenos sociales, hace que mas allá de la rentabilidad ante un proceso de automatización prime, en diferentes