La pérdida prematura de los dientes temporales puede provocar movimientos dentarios indeseables , pérdida de espacio y la imposibilidad de una buena alineación de los dientes definitivos durante su erupción. Autores como Cohen y cols (1) indican que los dientes temporales con patología pulpar, siempre que se pueda, deben ser tratados para recuperar la función en la arcada. Así mismo la patología pulpoperiapical en dentición decidua puede provocar alteraciones del germen permanente subyacente (2). El tratamiento pulpar realizado con éxito, en la dentición temporal, exige conocer la morfología de la pulpa y las características específicas debidas a la reabsorción de las raíces de los dientes temporales (1). La anatomía de la dentición temporal hace de los tratamientos pulpares unos procesos complicados. Los conductos de estos dientes temporales son muy variables, en cierta medida, por la formación de dentina secundaria y por la reconfiguración del sistema de conductos producida por su reabsorción fisiológica. La inflamación pulpar y periodontal puede causar cambios en dicha reabsorción fisiológica y puede complicar la morfología del sistema (3). La determinación clínica de la longitud de trabajo (LT) es complicada pero fundamental para el éxito del tratamiento de conductos (4,5). En dentición temporal, esta longitud es importante para minimizar el daño periapical y la posible afectación del germen permanente (6,7). Para ello se han utilizado diversos métodos como la sensación táctil y el método radiográfico, no siendo ninguno de ellos lo suficientemente preciso, ya que el primer método es totalmente subjetivo y el segundo únicamente muestra dos dimensiones de una estructura tridimensional, lo que obliga al profesional a un entrenamiento adecuado para poder captar, interpretar e imaginar la tercera dimensión (8,9). Por todo ello se desarrollaron los localizadores electrónicos de ápice (LEA), siendo en la actualidad el método más fiable para detectar la longitud de trabajo. Se basan en la diferencia entre la carga eléctrica de los tejidos del ligamento periodontal y cualquier punto del interior del conducto (10). Su uso reduce el número de radiografías en un tratamiento, sin que por ello dejemos de utilizarlas, como prueba complementaria..