Si se revisa con detenimiento el devenir global de las últimas décadas, es posible advertir la emergencia y consolidación de una nueva perspectiva de desarrollo económico y sociocultural, a partir del despliegue y generalización en sus ámbitos de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) (Pérez, 1983, 2004; Rama, 2009, 2012).
Los avances en materia de microelectrónica y programación informática han propiciado un cambio del paradigma técnico-económico desde los años 80-90, que redunda en la manifestación de nuevas formas de producción y nuevas configuraciones sociales, entre las cuales también se está produciendo la gestación de una nueva educación (Casas, 2005; Rama, 2009, 2012)