Abstract

La arqueología y la antropología son disciplinas sujetas a permanente debates provenientes tanto desde fuera como desde dentro de sus propios actores e instituciones.   Los buenos momentos de la antropología y la arqueología ecuatoriana han dependido tanto de los logros y producciones académicas (investigaciones, publicaciones) como de su capacidad para articularse con los movimientos sociales. Ello demuestra que, más que constituirnos en productores de conocimientos y expertos en saberes, estamos llamados a facilitar, construir, implementar, alimentar y dar vida a todo espacio posible de diálogo e interlocución entre actores y voces de quienes animan, desde sus respectivas diferencias, una sociedad no mejor, sino radicalmente diferente.   Trabajar académicamente estos desafíos (la articulación con los movimientos sociales, trabajar un saber no simulado y en tensión con aquello que emerge de estos movimientos, unir las dimensiones de la vida que el sistema separa) puede favorecer el que sintamos las aulas de otra manera y dar otro sentido a nuestro pensar, hacer y sentir

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