Desde mediados de los años 90, gobiernos, organizaciones
ambientalistas, sectores productivos y movimientos sociales,
incorporan, en sus agendas, propuestas de manejo y conservación
de la biodiversidad1. Esta se refiere a la diversidad de
la vida, concepto que adquiere relevancia a partir de la vigencia del Convenio
sobre Diversidad Biológica, definido en la Cumbre de las Naciones
Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD o Rio 92),
en la que se reconoce la soberanía de los estados sobre la biodiversidad,
se abre el debate respecto a este tema y se determina que el país empiece
a definir estrategias de manejo, de control y regulación de este recurso
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