La idea de la “curación” de la sociedad tiene sus raíces en los tiempos más
remotos de la historia conocida. Si la medicina más básica se enfocaba en la
necesidad de combatir a la enfermedad como un símbolo del mal que atacaba al
organismo biológico, no era difícil extender esta visión hacia el combate a los
males que afectaban al organismo social. “Combinada con la idea del progreso,
la utopía de la humanidad sana llegó a prevalecer sobre el ideal de modelos
concretos y específicos de funcionamiento característicos de cada tribu o polis”
(Illich, s/f). No es casual que todas las civilizaciones hayan adaptado un sistema
conceptual médico al discurso político, con la finalidad de explicar el funcionamiento
de la sociedad y designar sus principales falencias. De este modo, a
lo largo de los siglos hemos acumulado y estructurado un conjunto de términos
médicos comúnmente aplicados al mundo de la política y de la sociología: crisis,
cáncer, lacra, descomposición, contagio, enfermedad, infección, remediación,
paliativo, paños de agua tibia,… simbólicamente, la medicina extiende
sus dominios al campo de las ciencias sociales