El último cuarto de siglo ha supuesto un cambio de paradigma en el sector transporte. Por
un lado, la incorporación de nuestro país a la Unión Europea supuso un aumento de las
relaciones de transporte con el resto de los países comunitarios. El crecimiento económico
fue el vector dinamizador de este proceso, que ha producido un claro aumento de la
movilidad. Pero un aumento desequilibrado, en mucha mayor medida que para el conjunto
de nuestros socios comunitarios, con una excesiva dependencia de la carretera.
Consecuentemente, el transporte resulta ser el primer sector emisor de gases de efecto
invernadero y contaminantes atmosféricos. Pero no sólo se ha agrandado el desequilibrio
modal, sino que las cuantiosas inversiones en infraestructuras, buena parte de ellas con
fondos comunitarios, no ha revertido la polarización regional.
Se analiza este proceso estudiando la evolución en España y los otros países
comunitarios del reparto modal de pasajeros y mercancías y su relación con las variables
económicas. Cabe concluir que nuestras pautas de movilidad son menos eficientes y más
sensibles al devenir económico que las de otros países, lo cual ha hecho que el impacto de
la crisis sea más grave y patente. El crecimiento no ha sido aprovechado para lograr un
transporte más eficiente, como han hecho otros países, sino todo lo contrario: se necesita
transportar más –sobre todo mercancías- para aportar la misma riqueza. La receta para una
mayor eficiencia pasa por un mayor nivel de integración: redes, modos y servicios. Hay
que aportar “ingeniería” al sistema de transportes, y no sólo infraestructuras. Y desde la
planificación, pasando por la coordinación administrativa, y operando con otra visión.
Un proceso diferente, pero igualmente significativo, se da en la movilidad urbana,
donde se está produciendo un cambio de paradigma: una vuelta a la ciudad compacta y un
cambio en el tipo de movilidad, donde los objetivos de eliminar la congestión y aumentar
la velocidad, están siendo sustituidos por la reducción del viario para el coche, la
movilidad a pie y en bicicleta, junto con más demanda de espacio para actividades
ciudadanas. Por tanto, también, en la ciudad se precisa una visión integral de los modos y
la calidad de vida, para lograr un sistema de transporte eficiente social y ambientalmente.
Para lograr este cambio de paradigma se necesitan ciudades-icono, que planteen
soluciones que rompan tendencias: congestion charging de Londres, bicing de Barcelona,
metro de Madrid, etc. Y por otra parte, se necesita un marco de políticas de sostenibilidad:
Zonas de Bajas Emisiones en los centros urbanos, vehículo eléctrico, etc. Y todo ello debe
con aceptabilidad pública y un uso eficiente de recursos: todo un reto