Los neumáticos fuera de uso representan un componente de contaminación a gran escala debido al actual crecimiento de los neumáticos por su utilización en la industria automotriz y de transporte, el cual es generado por su inadecuado desecho o almacenamiento luego de terminada su vida útil.
La vida útil de un neumático es de aproximadamente 18 meses y se encuentra afectada principalmente por la exposición directa al sol, el agua y el contacto prolongado con derivados del petróleo, así como también, la presión de aire de trabajo, la temperatura, la correcta pisada de operación, el estado de las vías y los diferentes tipos de pavimentación. Las llantas son fabricadas a partir de materiales que toman mucho tiempo en descomponerse. Al final de su vida útil. Por su inadecuado proceso de disposición, muchas de ellas llegan a los rellenos sanitarios, donde, debido a su volumen, ocupan demasiado espacio, además de que se convierten en hábitat para la incubación de insectos transmisores de enfermedades contagiosas, como el dengue, el zika o el chicunguña, mencionando también que algunas son quemadas y otras son almacenadas a cielo abierto incontroladamente lo que genera una contaminación adicional a lagos, ríos y lugares comunes