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La economía del pecado a la luz de la casuística áurea

Abstract

Hacia 1593, fray Alonso de Vega se preguntaba qué habría de hacer un sacerdote si, en medio de la misa, una mosca caía en el cáliz consagrado, llegando a una indiscutible conclusión: el dicho sacerdote había tenido suerte, ya que una mosca es menos ponzoñosa que una araña y más inocua que el veneno. Fray Alonso de Vega las autoridades a su alcance y resuelve que si el sacerdote «no teme algunos vómitos puede tragarse la mosca juntamente con el sanguis»; si no puede tragársela ha de sacarla del cáliz, lavarla diligentemente, quemarla, echar las cenizas en la pila del bautismo y beberse el agua con que la lavó. Lo mismo ha de hacer cuando acertase a caer una araña, insecto considerado más ponzoñoso, si bien el agua de lavar la araña no tiene que consumirla sino guardarla en el sagrario en un vaso limpio, o echarla con las cenizas en la pila bautismal. En cambio, si el vino ya ha sido consumido, se ha de tomar otra hostia no consagrada, lavar el cáliz, volver a llenarlo y comenzar de nuevo el ritual de consagración (lib. 4, caso 18)

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