Cuando François Jost, a partir de los trabajos de Gérard Genette, estableció
la diferencia entre la focalización (saber) y la ocularización (mirar) para
los discursos audiovisuales, separándose así de una tradición secular que había
aplicado sistemáticamente los estudios de la teoría literaria al discurso fílmico,
compartimentó y jerarquizó un sistema de relaciones que, con mayor o menor
eficacia, ha venido funcionando prácticamente hasta nuestros días (con diversas
matizaciones, por supuesto). Paralelamente, la carga cultural empiristaracionalista-
positivista que atenaza nuestros compromisos con la reflexión teórica
ha venido imponiendo una y otra vez un mecanismo de tipologización y
etiquetado que promueve la proliferación ad infinitum de nuevos conceptos y
jerarquías. El problema de este proceso es que en muchas ocasiones los árboles
no nos dejan ver el bosque