Tomando como referente la ciudad de Burgos, pero sin olvidar el resto de las ciudades castellanas, trataré de acercarme a la realidad de la fiscalidad de ámbito municipal como un escenario preferente de la construcción de modelos específicos de identidad política urbana en tres sentidos: en primer lugar, el que hace de la fiscalidad un elemento clave en el proceso de construcción de la identidad urbana participada, como demuestra el relevante papel de la fiscalidad en los orígenes, evolución y consolidación de los sistemas de poder urbanos, como responsable en una parte muy importante de las categorías de inclusión/exclusión de vecindad, como catalizadora de adhesiones identitarias frente a otros poderes y especialmente frente a la Corona, en un doble proceso de defensa y adquisición de singulares derechos y exenciones fiscales o de especial contribución a la mayor y mejor honra y al bien común del rey y reino, o como elemento fundamental destinado a proporcionar un elevado grado de cohesión y definición política a la propia ciudad y a su espacio territorial. En segundo lugar, el que convierte a la fiscalidad en la clave de los procesos que conducen a la significación y definición identitaria grupal propia de cada uno de los segmentos sociales que componen la comunidad urbana (patriciado, pecheros, vasallos, etc.) y su diferente posicionamiento frente al poder (la fiscalidad como expresión del conflicto). Y, finalmente, en tercer y último lugar, la fiscalidad como elemento fundamental del discurso legitimador del poder, clave del buen y mal gobierno, de la justificación del gasto y de la legitimación de la «deuda»