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La muerte en femenino: llamada y eco de una realidad inexorable

Abstract

Recoge los trabajos presentados en el II Congreso sobre arte, literatura y cultura gótica urbana, celebrado en mayo 2013 en la Universidad Autónoma de MadridAlgo que tienen en común las diferentes culturas que pueblan y han poblado el planeta es el miedo a los muertos. Ciertas religiones prohíben a toda persona viva tocar a un muerto, porque se consideraba que al morir el cuerpo pasaba a ser poseído por espíritus malignos, y debían realizarse ciertos rituales para tocar al difunto. La posibilidad de que exista una nueva vida tras la muerte, idea en la que se basan gran parte de las religiones, ha obsesionado al hombre desde tiempos ancestrales. ¿Qué hay más allá? ¿Es la muerte el fin de nuestra existencia? ¿Es posible que nuestro espíritu permanezca vivo? Son preguntas que todo el mundo se ha planteado en alguna ocasión y para las que, de momento, no tenemos certera respuesta. Teorías, desde luego, existen muchas: la idea de la resurrección cristiana, la reencarnación hindú o el espiritismo son posibles explicaciones ante fenómenos extraños pero reales que mucha gente ha tenido ocasión de presenciar. Gracias a estos testimonios, podemos intuir que existe una misteriosa conexión entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Formas para denominarlos hay varias: apariciones, espíritus, fantasmas, presencias sobrenaturales, vampiros... pero todas ellas se refieren a un mismo e inquietante aspecto: la capacidad de los difuntos para seguir influyendo en nuestro mundo terreno. La incertidumbre ante la muerte se traduce a menudo como el miedo ante los que han muerto y pueden conservar su forma humana. Mientras antiguamente las familias solían hacerse cargo de la preparación de los difuntos para su entierro, y de su velatorio, ahora estas tareas se dejan en manos de profesionales, lo cual ha acrecentado y ahondado la distancia –y consecuentemente el desconocimiento y, por tanto, el temor– entre los vivos y los muertos. La necesidad de combatir a la muerte ha sido una necesidad esencial de la humanidad. Todos buscamos vivir para siempre; en ese sentido, el vampiro sí que es consecuente con sus pretensiones y su naturaleza, a diferencia de nosotros. El vampiro es el símbolo nocturno del deseo humano –o tal vez del miedo humano– de la vida eterna. No puede decirse que la Muerte como tema haya resultado precisamente indiferente a los escritores. Lo que todavía no se sabe es lo que piensa la Muerte de lo que hasta ahora han dicho sobre ella (Vila–Matas: “Epílogo: La puerta lateral”)

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