El bruxismo se define como una actividad repetitiva de los músculos masticatorios que
se caracteriza por apretar o rechinar los dientes debido al arrastre y/o empuje de la
mandíbula, puede ocurrir durante la vigilia (bruxismo despierto) o durante el sueño
(bruxismo del sueño)
(1). Esta actividad parafuncional inconscientemente conduce a un
daño gradual en el sistema estomatognático ya que genera una contracción muscular
sostenida en los músculos masticatorios lo que conduce a un aumento de tensión en la
oclusión céntrica. (2)
Aún no se ha determinado la etiología del bruxismo debido a que existen múltiples
factores, por lo tanto, se considera de etiología multifactorial. Los factores de riesgo se
pueden dividir en dos grupos: factores periféricos (morfológicos), los cuales se relacionan
con las alteraciones en la oclusión dentaria, anormalidades articulares y óseas (3). El
grupo de los factores centrales donde se encuentran los factores psicológicos puede
atribuirse a emociones tales como: ansiedad, estrés, ira, frustración o tensión (2).
Los síntomas que abarca esta parafunción son dolor facial, dolores de cabeza, dolor de
oído, dolor y fatiga muscular, hipersensibilidad dental, sensibilidad en la articulación
temporomandibular (4). Entre los signos del bruxismo se encuentra el desgaste anormal
de los dientes consecuencias negativas en el periodonto como recesiones gingivales,
hipertrofia del músculo masetero, aumento de la actividad muscular (registro de
polisomnografía), reducción del flujo salival, morderse los labios o las mejillas, hendidura
de la lengua y limitación de la capacidad de abrir la boca (5). Además, un bruxismo severo
y prolongado aumenta el riesgo de presentar signos y síntomas de los trastornos
temporomandibulares y debido al desgaste de los dientes puede desarrollarse la pérdida
de dimensión vertical (6).
Existe una variedad de tratamientos para el manejo del bruxismo, los cuales se centran en
reducir la actividad muscular excesiva y proteger las posibles estructuras afectadas, como
dientes, músculos masticatorios y articulación temporomandibular (7). Se recomiendan
tres estrategias a nivel psico-conductual, oclusal (férulas dentales o de descarga) y
farmacológico. Sin embargo, en algunos casos el paciente no responde adecuadamente a
los tratamientos convencionales, generando resultados ineficientes. (8)El bruxismo se define como una actividad repetitiva de los músculos
masticatorios que se caracteriza por apretar o rechinar los dientes debido al arrastre y/o
empuje de la mandíbula, este hábito inconscientemente conduce a un daño gradual en el
sistema estomatognático, ante la necesidad de explorar nuevas opciones de tratamiento,
además los métodos convencionales, la toxina botulínica se presenta como una alternativa
terapéutica innovadora para tratar el bruxismo. Objetivo: Analizar la evidencia científica
respecto al uso de toxina botulínica en el tratamiento de bruxismo con el fin de evaluar
su efectividad. Método: Enfoque Cualitativo de tipo analítico-descriptivo centrado en
una revisión bibliográfica donde las fuentes de información fueron artículos científicos
publicados en el periodo 2018-2023 en las bases de datos PubMed, Scielo y
ScienceDirect, la búsqueda se realizó mediante cadenas de búsqueda avanzada, además
del uso de criterios de inclusión y exclusión Resultados: Se recolectó un total de 37
estudios de los cuales únicamente se seleccionaron 11 estudios que cumplían con los
criterios de inclusión establecidos para esta investigación, se tomó los puntos más
relevantes, así como sus resultados principales para analizar la efectividad de la toxina
botulínica tipo A en pacientes con bruxismo. Conclusiones: Tras analizar
exhaustivamente la evidencia científica disponible, la mayoría de los estudios respaldan
la efectividad de la toxina botulínica como opción terapéutica para el bruxismo
evidenciando una significativa reducción en la actividad muscular y una mejora en los
síntomas asociados, manifestando sus efectos después de un periodo de 2 a 4 semanas