Litigación climática podría parecer un concepto que se explica a sí mismo, pero no lo es. Al menos no lo hace con suficiente claridad como para evitarnos las próximas páginas. ¿Podría la introducción que antecede haber resuelto la cues- tión simplemente alertando de que existe una variedad de entendimientos al respecto y de que cada autor expondrá el suyo oportunamente? Podría, sin duda. Eso sí, a costa de hacer cargar al lector con la tarea de desentrañar capítulo a capítulo la variedad de matices que subyacen al concepto. He aquí la función que presta este primer capítulo a la obra colectiva: identificar las razones detrás de tal variedad conceptual y condensar, como mínimo, una parte relevante de los entendimientos que, al respecto, se presentan en la literatura y en las meto- dologías de las bases de datos especializadas