En esta novela gráfica llamada ‘Mi cuerpo dice la verdad’, se relatan los hechos de violencia a los que fueron sometidas Luz Carmen en el departamento de Bolívar; Nery en el departamento del Putumayo; Martha en el departamento de Risaralda y Angie en el departamento de Nariño. Es un reconocimiento a la dignidad de las mujeres y personas LGBTI víctimas de violencias sexuales en el marco del Conflicto Armado colombiano. El trabajo realizado por la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición - CEV buscó contribuir a la visibilización de esta problemática y organizó el encuentro Mi cuerpo dice la verdad, el día 26 de junio del año 2019, en la ciudad de Cartagena de Indias. Las historias que contiene esta novela están inspiradas en los testimonios brindados durante el encuentro por mujeres y personas LGBTI, líderes de sus comunidades, que gracias al acompañamiento de diversas asociaciones y a su propia capacidad de afrontamiento, pudieron romper el silencio, contar su historia y comenzar a sanar sus heridas. Son relatos que exponen las vivencias de las víctimas, las características de estos hechos victimizantes y la magnitud de lo sucedido.
Así mismo, esta novela tiene el objetivo de ser instrumento pedagógico y está acompañada de diez ejercicios llamados ‘Desafíos creativos, investigativos y de análisis’, que buscan ahondar en los contextos de las historias y reflexionar sobre el Conflicto Armado en Colombia. A través de la profundización de los temas, muestra el proceso de creación de la novela gráfica y fomenta la empatía con las historias de vida, indaga por los contextos y visibiliza las dinámicas de resistencia. El instrumento pedagógico está orientado a los grados de secundaria 9°, 10° y 11° y contribuye a la reflexión sobre educación para la paz y cultura de paz, entendida como la apropiación y comprensión sobre los Derechos Humanos, la transformación de conflictos y la búsqueda del respeto de la pluralidad (Decreto 1028, mayo 2015).
De acuerdo con la Comisión de la Verdad (2019), en su documento analítico ‘Punto de partida de la Comisión de la Verdad para la investigación en violencias sexuales en el marco del Conflicto Armado interno en Colombia. Una aproximación preliminar a las cifras existentes’. La responsabilidad de las violencias sexuales la tienen todos los grupos armados. Los paramilitares han cometido violencia sexual en un 32.8% de los casos; los grupos guerrilleros en un 31.5%; agentes del Estado en un 1,37% y los grupos armados desmovilizados en un 6,3%. En la mayoría de los casos no se han establecido los responsables con un 26,4%. Estos hechos de violencia sexual han dejado un profundo impacto, no solo en las victimas sino en sus familias, ya que tienden a ser señalados y estigmatizados, pues la sociedad y los actores armados suelen culpar a las víctimas por lo sucedido. Las mujeres de pueblos indígenas y de comunidades afrodescendientes, han sido las más afectadas debido a la persistencia de factores de colonialidad, patriarcado y racismo que siguen presentes en la sociedad.1. Introducción. Pág. 7
2. Nacer en un territorio en disputa. Pág. 14
3. Permanecer en el resguardo a pesar de todo. Pág 32
4. Mi cuerpo rodeado por armas. Pág. 50
5. Ser trans y reivindicarlo en medio de la guerra. Pág. 64
6. Pedagogía. Pág. 81MI CUERPO DICE
LA VERDAD
Reconocimiento a la dignidad
de las mujeres y personas
LGBTI víctimas de violencias
sexuales en el conflicto
armado colombiano
COMISIÓN DE LA VERDAD
Primera edición 2019
Comisión de la Verdad
ClickArte S.A.S.
ISBN: 978-958-52747-7-8
CONCEPTO Y DIRECCIÓN
Marta Ruiz
Comisionada de la Verdad
Bibiana Mercado
Coordinadora Objetivo de
Reconocimiento
Lisa Neisa
Directora ClickArte S.A.S.
Emmanuel Neisa
Director ClickArte S.A.S.
Todos los derechos reservados. Bajo
las condiciones establecidas en las
leyes, queda rigurosamente prohibida,
sin autorización escrita de los titulares
de copyright, la reproducción total o
parcial de esta obra.
CLICKARTE S.A.S.
Diana Ospina
Guion
Katia Rodríguez
Edición
Catalina Buitrago
Investigación y pedagogía
Este libro es posible gracias
al esfuerzo mancomunado de
equipos internos de la Comisión
de la Verdad, especialmente del
Objetivo de Reconocimiento, los
enfoques Psicosocial y de Género,
la Dirección para el Diálogo Social
y la Secretaría General. Y surge de
los valerosos testimonios de mujeres
y personas LGBTI víctimas de
violencias sexuales en el marco del
conflicto armado interno entregados
a la Comisión durante el proceso de
reconocimiento que tuvo su etapa
pública en el Encuentro por la Verdad
de Cartagena de Indias (Bolívar), el 26
de junio de 2019.
.PUNTOAPARTE EDITORES
Dylan Quintero
Ilustración
Jeisson Reyes
Diagramación
INTRODUCCIÓN
pág. 7
ESTAS SON
LAS HISTORIAS
DE CUATRO
MUJERES CUYOS
CUERPOS FUERON
ATRAPADOS EN
MEDIO DE LA
GUERRA...
PERMANECER EN EL
RESGUARDO A PESAR DE TODO
pág. 32
LA RESISTENCIA
DE NERY
NACER NEGRA EN UN
TERRITORIO EN DISPUTA
pág. 14
LA VOZ DE
LUZ CARMEN
SER TRANS Y REIVINDICARLO
EN MEDIO DE LA GUERRA
pág. 64
LA IDENTIDAD
DE ANGIE
MI CUERPO RODEADO
POR ARMAS
pág. 50
LA FORTALEZA
DE MARTHA
Para ver todas las novelas
gráficas de esta serie ingrese a
https://comisiondelaverdad.co/novelas-graficas-
comision-de-la-verdad
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Para ver la versión animada de
esta novela gráfica ingrese a
https://youtu.be/cvzRXQscMEw
o escanee el código QR
INTRODUCCIÓN
¿POR QUÉ A MÍ? ¿CON QUÉ FIN?
Estas son algunas de las preguntas
que se hace de manera insistente
una víctima de abuso sexual. Du-rante
el marco del conflicto armado
colombiano, fueron múltiples y di-versas
las violencias sexuales per-petradas
por los diferentes grupos
armados, legales e ilegales, que afec-taron
particularmente a mujeres y a
miembros de la comunidad LGTBI.
Son violencias invisibilizadas, natu-ralizadas
y silenciadas, a través de los
años y que han sido difícilmente denun-ciadas.
La naturaleza misma del delito
hace que la víctima se sienta atrapada
en un círculo de vergüenza, estigma-tización
y silencio que no es fácil de
romper. Además de los daños físicos y
psicológicos, de sentir vergüenza y do-lor
por lo sucedido, han sido señaladas,
culpabilizadas y revictimizadas en mu-chas
de sus comunidades. Ha llegado
el momento de que dejen de sentirse
tan solas, ha llegado el momento de
romper el silencio que ha rodeado este
delito y que ha afectado a mujeres y
miembros de la comunidad LGBTI de
todas las edades y condiciones.
En esta novela gráfica queremos hacer
eco al trabajo realizado por la Comisión
para el Esclarecimiento de la Verdad,
la Convivencia y la No Repetición que,
para contribuir a la visibilización de esta
problemática, organizó el encuentro
Mi cuerpo dice la verdad, el 26 de junio
de 2019, en Cartagena de Indias.
Las historias que vienen a conti-nuación
están inspiradas en los testi-monios
brindados durante el encuen-tro
por valerosas mujeres y personas
LGBTI, líderes de sus comunidades,
que gracias al acompañamiento de
diversas asociaciones y a su propia
capacidad de afrontamiento, han po-dido
romper el silencio, contar su his-toria
y comenzar a sanar sus heridas.
Son relatos que permiten visibilizar
lo que las víctimas vivieron, las carac-terísticas
de este delito y la magnitud
de lo sucedido (son más de 26.000 las
víctimas de delitos sexuales durante el
conflicto). Contribuyen, igualmente, a
romper la impunidad y, finalmente, es-peran
servir de cierre a estas historias
de dolor, con la esperanza de evitar
que algo así vuelva a suceder.
7
INTRODUCCIÓN
Las violencias
sexuales en
cifras
MI CUERPO DICE LA VERDAD
8
*Comisión de la Verdad. (2019). Documento analítico. Las violencias
sexuales en el conflicto armado interno. y Punto de partida de la
Comisión de la Verdad para la investigación en violencias sexuales
en el marco del conflicto armado interno en Colombia. Una aproxi-mación
preliminar a las cifras existentes (ambos documentos toman
fuentes de informes ya producidos por instituciones y organizacio-nes
especializadas en el tema).
9
INTRODUCCIÓN
“MI CUERPO ES
RESISTENCIA Y
DICE LA VERDAD;
ES DIVERSIDAD, ES
MIEDO, ES FUERZA,
ES VALENTÍA, ES
DOLOR, ES REPUDIO”.
12
Bienvenidas. Ustedes están aquí en representación de
muchas otras mujeres. Mujeres que han sido víctimas
del conflicto armado y que trabajan día a día por
visibilizar lo sucedido y por ayudar a otras mujeres a
romper la barrera del silencio y la estigmatización.
Dentro de pocos días
tendrá lugar, aquí en
Cartagena, el encuentro
Mi cuerpo dice la verdad,
pues estamos convencidos
de que lo mejor que
podemos hacer para hablar
de violencias sexuales es
que los colombianos las
escuchen. Han sido años
de silencio...
13
Las violencias sexuales jugaron un
importante papel en el control terri-torial,
como el que se ejerció en Ma-ría
La Baja, Bolívar, cuando en los 90
llegaron los paramilitares buscando
ganarle espacio a la guerrilla de las
Farc (Frentes 35 y 37), que hacía pre-sencia
en esa zona. Los paramilitares
utilizaron las violencias sexuales para
transmitirle a la comunidad el mensa-je
de que ellos eran dueños del cuerpo
de las niñas y mujeres del territorio.
Las mujeres negras afrocolombianas
son el 13 % de las víctimas de violencias
sexuales según el registro único de la
Unidad para las Víctimas, UARIV.
María La Baja, Bolívar.
NACER NEGRA EN UN
TERRITORIO EN DISPUTA
MARÍA LA BAJA, BOLÍVAR.
FINALES DE LOS 90
LA VOZ DE LUZ CARMEN
01 LUZ DARY
15
Yo quiero empezar,
sé que para muchas no es
fácil hablar de esto pero yo ya
no tengo miedo. Busco
ayudar
a otras
mujeres
que
pasaron
lo mismo
que yo,
quiero
hablar
por las
que
todavía
no han
podido
hacerlo
o ya
nunca
podrán.
Yo no tengo temor de hacerlo, ni de denunciar a los que me hicieron tanto daño. ¿Con qué van a
amenazarme?, ¿con matarme? Yo ya no le temo a la muerte porque a mí, esos desgraciados, me
mataron por dentro hace años. Solo quiero que a ninguna mujer le pase lo que a mí me pasó.
16
Yo tenía 22 años, vivía con mi familia. En el pueblo nos habíamos acostumbrado a la presencia de la
guerrilla que andaba por los alrededores y pasaba de tanto en tanto. Esa aparente calma cambió de repente.
Primero llegaron
los grafitis y
los volantes
amenazantes que
siempre aparecían
firmados por
las A.U.C.
Después
empezamos a
verlos, en la
esquina, en
la tienda, en
el billar.
Su presencia intimidante se
sentía en todas partes.
No había un lugar
donde no
estuvieran y donde
no se hicieran oír.
17
Se acabó
está mondá.
Mañana mismo
la queremos aquí.
Y cuidado con ser
incumplida.
Nada de apoyar a
los guerrillos por
aquí, ¿oyeron?
Solo díganme
para cuándo
me necesitan.
Soy muy buena
trabajadora.
Se les terminó la
fiesta a esos
malparidos y a todo
aquel que los ayude.
Se instalaron en el pueblo y dijeron que necesitaban mujeres que les
cocinaran y les lavaran la ropa. Aseguraron que les pagarían bien. Yo me presenté a ese trabajo, en la casa
éramos muchos, el dinero nunca era suficiente para alimentar tantas bocas.
18
Al comienzo
todo estuvo bien,
pero con el paso
de los días los
hombres se fueron
volviendo más y más
confianzudos.
Uy negra, estás hecha tremendo bollo,
le sienta el amarillo. Venga atrás un
rato y va a ver que no se arrepiente.
No negra, venga más bien
conmigo que yo sí sé lo que
usted quiere.
Los comentarios e
insinuaciones se fueron
haciendo cada vez más
insistentes y vulgares.
Un día, cuando ya estaba
lista para irme me
detuvieron. Pusieron
música, sacaron trago y
me hicieron quitarme la
ropa frente a ellos.
Les dije
que
estaba
buena
esta
negra.
Dese la
vuelta, a ver,
muestre lo
que tiene.
Yo solo los ignoraba.
Sentí mucha vergüenza. Hubiera
querido no hacerlo, pero ¿cómo?,
si ellos tenían las armas y el poder.
19
Y sabemos quiénes
viven en esta casa…
no querrá que les
pase algo ¿no?
Una noche, mientras estaba lavando los platos
tras servirles la comida, llegaron dos milicianos.
Ya se acabó
la comida
No venimos
por eso,
negra.
Es que
usted sabe
que le
tenemos
ganas y
aguantarse
eso hace
daño.
Mis días se hicieron largos y grises. Vivía con
miedo de cuándo intentarían hacerme algo más. Las
obscenidades continuaban y algunos, incluso, me
mandaban la mano a la cola o a las piernas.
Yo no podía hacer nada para defenderme.
Luz
Carmen, no
se equivoque
que nosotros
sabemos
dónde vive,
¿oyó?
Al día siguiente no quise ir a trabajar, pero hasta mi casa llegaron esos hombres a buscarme. Supe que no tenía
escapatoria. Humillada pero preocupada por la seguridad de mi familia regresé al trabajo.
20
Me llevaron a
un cuarto atrás
de la cocina. En
ningún momento
dejaron sus armas
y ni siquiera se
preocuparon por
cerrar la puerta.
Quería gritar pero
no pude.
No me
gustaba cómo
me miraban,
ni cómo se
me fueron
acercando.
Me quedé
paralizada
no sabía qué
hacer.
21
Esa noche me violaron. Yo no hice nada, no me moví, solo quería que esa
pesadilla terminara pronto para irme a mi casa.
Allá llegué
llorando con
el vestido
medio roto.
Mi mamá no me hizo ninguna
pregunta, solo se tragó la tristeza
y me dejó llorar contra ella.
22
Ahí mismo, en la plaza
principal, lo cosieron a tiros.
Nadie dijo nada. Ninguna
autoridad quiso escuchar
nuestra versión.
Para que aprendan a
no meterse en lo que
no les importa.
Cuando mi
hermano menor se
enteró fue furioso
a enfrentarlos.
Tenía solo 15 años.
23
Ese fue solo
el comienzo de
mi calvario que
duraría más
de diez años.
No pudimos ni
hacerle en paz
el duelo a mi
hermano porque
a los pocos
días siguieron
violándome,
tocándome,
humillándome,
cada vez que se
les daba la gana,
a veces de a uno
pero la mayoría
entre varios.
Se me acabó la alegría. Mi mamá se enfermó de los nervios. Yo solo pensaba en
morirme, en desaparecer y dejar de sufrir. En esos años enterré no sólo a mi hermano
sino también mis sueños de ahorrar para poner un negocio de comida y de tener una
familia propia porque ¿quién me iba a querer después de esto?
Hoy es nuestro turno.
24
En mi casa reinaba
el silencio y el
dolor. Mi mamá
solo rezaba, lloraba
a mi hermano y
me esperaba en la
noche para ayudar
a lavarme.
En el pueblo la gente no quería saber nada de
nosotras, se nos alejaban apenas nos veían. A mí
me culpaban por lo que me pasaba.
25
Pensaba que nada podía
ser peor, hasta que un día
fui empalada.
pero no es cierto,
muchas quedamos vivas.
Ese día me cogieron 140 puntos.
La gente
cree que las mujeres a las
que les pasa eso se mueren,
Supongo que les resulta más
fácil pensarnos muertas para
no tener que imaginarnos
vivas o para no tener que
comprender nuestro dolor.
26
Negra, qué mira,
prepare algo de comer
y más tarde
hablamos.
Ahí le recomendamos
ese asunto alcalde.
Algunas de las muchachas
del pueblo eran novias de
los hombres armados. Sin
embargo, todas eran blancas
y ellos les daban regalos y las
llevaban de paseo. A nosotras
las negras solo nos usaban
como sus juguetes y nadie
hacía nada para defendernos.
Algunos se preguntan
por qué no me fui o por
qué no denuncié, pero
¿cómo hacerlo si desde el
alcalde hasta el médico
eran puestos por los
paramilitares? Nadie
me iba a proteger.
¿Huir adónde si no
teníamos nada
y sabían todo de
nosotras?
27
Tuvimos que dejar
todo atrás. Supongo
que apenas lo hicimos
ellos se apropiaron de
nuestras cosas como
lo habían hecho de mi
cuerpo. Lo perdimos
todo, nunca hemos
pensado en regresar
a ver qué pasó.
Me sentía sola, triste, asustada. Sentía que mi vida no valía la pena. Me puse a tomar para encontrar
consuelo y no pensar en lo que me pasaba.
Un día, finalmente, logramos huir.
28
Yo tenía miedo de
salir a la calle.
Todos los hombres
me asustaban, no
sabía cómo iba a
poder retomar una
vida normal. Pensé
que mi vida iba a
ser siempre así,
que nunca podría
escapar al dolor y las
consecuencias de lo
que me había pasado.
Una vecina me convenció
de ir a una asociación en
donde podrían ayudarme.
Descubrí a otras mujeres
que habían vivido lo
mismo que yo. Gracias
a ellas entendí que no
merecía nada de lo que
me había pasado, que
no era culpable por lo
que me había sucedido y
pude sacar mucha de la
rabia y el dolor que había
acumulado.
29
Aunque es mucho
lo que he podido
sanar, mi cuerpo aún
padece lo que me
sucedió. Llevo heridas
profundas en el alma y
en la actualidad sufro
de un cáncer que ha
hecho metástasis. Sé
que ésta enfermedad
tiene que ver con lo
que me pasó, con lo
que me hicieron.
Yo ya no tengo nada que
perder, me lo quitaron todo,
pero estoy segura de que mi
voz servirá para que nunca más
una mujer en Colombia pase
por lo que yo
viví.
30
31
En el Putumayo están establecidos quin-ce
pueblos indígenas: los awá, korebaju,
embera, embera-katío, inga, kamtsá, ko-fan,
nasa, siona, murui, pasto, kichwa, ya-nacona,
pijao y misak. Todos se han visto
amenazados por los enfrentamientos
entre los diferentes grupos armados, los
cultivos ilícitos, las fumigaciones y la mi-nería
(entre otros conflictos que los han
obligado muchas veces a desplazarse).
Las costumbres y cultura indígenas, fuer-temente
ligadas al territorio, se han visto
también afectadas por esta situación que
ha conllevado la pérdida de saberes an-cestrales.
Las mujeres, han sufrido parti-cularmente
esta condición, no solo como
guardianas del conocimiento sino tam-bién
por su condición femenina. Por su
doble condición de mujeres e indígenas
han sido objeto de prejuicios, irrespetos
y estigmatizaciones vigentes desde la co-lonia.
En territorios con tantas problemá-ticas,
atacarlas a ellas ha sido una manera
de desintegrar el tejido social, afectar a
las comunidades y dar muestras del po-der
de quienes creen tenerlo.
PUTUMAYO
PERMANECER EN EL
RESGUARDO A PESAR DE TODO
PUTUMAYO, 2012
LA RESISTENCIA DE NERY
02 NERY
33
Ahora quiero hablar yo.
Me duele oír a las demás
y sentir que mujeres
distintas tenemos dolores
tan parecidos. Yo estoy
aquí en nombre de tantas
mujeres indígenas que
hemos sido víctimas de
violencias sexuales. Mi
historia, por desgracia, se
parece a la de muchas.
34
Crecí en el resguardo, nunca con riqueza, pero sí con tranquilidad, rodeada de los míos. Para
nosotros, lo más importante es la comunidad, ser útil para ella, cada uno tiene una función.
Nosotros buscamos vivir en armonía con la naturaleza, respetamos sus ciclos, la cuidamos.
Ella es nuestra fuente de vida.
35
Pero así como ella y sus riquezas están amenazadas, nosotros también. Muchos desean nuestras
tierras, no nos quieren ahí.
La coca,
una planta
medicinal y
sagrada para
nosotros
también se
convirtió en
fuente de
problemas.
Llegaron unos
y después los
otros. Y así,
lentamente,
nos fuimos
acostumbrando
a ver hombres
armados en el
territorio.
36
37
¿A quién le andan
dando comida ustedes?
Cuidado con aliarse con
nuestros enemigos.
Indios traicioneros.
Nos dijeron que por
aquí pasaron unos
amigos de ustedes.
A ustedes como
que les gustan los
guerrillos ¿no?
Era muy difícil,
nosotros no
queríamos
colaborar con
ninguno de los
grupos que
nos señalaban
y nos exigían
ser sus aliados.
Sabíamos que
solo traían
problemas
y buscaban
dividirnos.
Los unos nos
acusaban de
colaborar con
los otros.
38
Un día, yo me ofrecí, las más jóvenes
no querían ir porque temían, y yo ya lo
había hecho en el pasado.
Bajen del bus
que esto es
una requisa.
Llevábamos solo una hora de camino, todavía era temprano,
cuando nos tocó un retén. Yo no me puse nerviosa porque no
había hecho nada malo, ni tenía nada que ocultar. Además, ¿qué
le iban a hacer a una vieja como yo?
En ningún lugar nos sentíamos a salvo. Frecuentemente, teníamos que salir del resguardo para
vender nuestros productos, como el fríjol, el ñame, o el arroz… También para comprar algo en el
pueblo cercano o para hacer algún trámite. Las mujeres nos turnábamos para hacerlo, aunque nos
causara temor, solo así podíamos proteger a nuestros hombres de encontrarse con alguno de los
armados. No queríamos que los mataran o se los llevaran a la fuerza.
39
¿O andan protegiendo a la guerrilla?
En ustedes no se puede confiar.
Bueno y ¿cómo van
a pagar este peaje?
Entonces, indias, ¿qué traen
por aquí? Andan en el negocio
de la coca ustedes ¿no?
porque a ustedes
más bien deberíamos
llevárnoslas presas.
¿Pagar?, no tenemos
mucho dinero…
40
Es que nos pueden
pagar sin dinero
Nos violaron.
Esa fue mi
primera
vez, pero
ese día supe
que a otras
ya les había
pasado y que
hubo otros
retenes,
otros
“pagos”.
Me llevaron a mí y a las otras
a un lado del camino.
41
Fue hace un año tía, no
le quise contar para no
producirle dolor y no
avergonzar a la familia.
Cuando mi sobrina
me vio regresar,
descompuesta, me
contó que a ella
la había violado la
guerrilla, la acusaban
de ser informante, por
eso la castigaron.
A veces no sabía
qué me dolía más, si el
dolor que yo cargaba o el de
mi sobrina. La veía retraída, silenciosa,
asustada. No quería tener nada que
ver con los hombres, incluso con buenos
pretendientes que se le acercaban.
42
Necesité tiempo para
recuperarme. Físicamente
lo logré, pero por dentro
eso se queda grabado.
Para todas fue un golpe
muy duro. Debilitar así a
las mujeres era debilitar
a nuestra comunidad,
quitarnos fuerzas. Así nos
quieren siempre: débiles.
Hacen con nosotros lo
que quieren, en especial
con las mujeres, como si
no valiéramos nada y no
mereciéramos respeto.
Para nuestros
hombres también
fue muy duro, se
sentían vulnerados e
incapaces. ¿Cómo nos
pueden defender? A
mí me violaron en un
retén, a otras las han
violado en los campos,
o también a plena luz
del día.
43
Un año después, me
lastimé el pie. La
inflamación no cedía
con los emplastos de
hierbas, así que me
dijeron que acudiera al
puesto de salud.
Sin embargo, esta vez no hubo retenes y logré
llegar al pueblo. Creí estar a salvo...
La idea de volver a salir no me gustaba nada, pero
lo hice obligada por las circunstancias. Me subí al
bus ansiosa y atemorizada, trataba de obligarme
a no pensar en lo que me había sucedido, pero era
imposible. Las manos me sudaban y, cada vez que
el conductor frenaba, se me aceleraba el corazón
de gol